05-04-2022

El Artik 5 da la primera Vuelta al Fitz Roy en parapente de la historia

La travesía “Vuelta al Fitz Roy” es una de las más conocidas por los alpinistas de todo el mundo. Es una vuelta que te hace sentir realmente inmerso entre unas inmensas formaciones de espectacular granito. Situada en la Patagonia argentina, en El Chaltén, el Monte Fitz Roy está considerado como uno de los más hermosos del planeta. Es un periplo muy exigente que requiere mucha experiencia en alpinismo, tanto en roca como en hielo, y se suele recorrer con esquíes o raquetas. Hasta ahora. Ya que, por primera vez en la historia, esta vuelta tan frecuentada por alpinistas ahora también acoge a pilotos. Manu Canale, con su Artik 5, sobrevoló por primera vez estos famosos glaciares argentinos el pasado 19 de enero. 

Primeros pasos

¿Cómo empezó todo? “El 15 de enero me levanté a las 5 de la mañana, miré el pronóstico meteorológico y escribí a todos mis compañeros voladores: ‘¡Vamos a la brecha de El Chaltén! Aunque es un viaje muy largo, valdrá la pena’”, explica Manu Canale. Así es cómo se dieron los primeros pasos de esta ruta histórica. Cogió su coche y, a los pocos minutos, se sumaron a la experiencia Mauro Dante y los pilotos de Niviuk Sebastián Quiroga y Lucas Dahir, entre otros. 

Al día siguiente, llegaron a El Chaltén y volaron junto a pilotos locales por la Barda de los Condores. El lunes tocó la cumbre del Loma del Diablo donde despegaron y pudieron disfrutar de un día estupendo, y el martes decidieron descansar, sobrevolando El Rosado en un “hermoso vuelo de tardecita”. 

Un vuelo histórico

El miércoles 19 de enero, las condiciones meteorológicas eran muy favorables y encararon el día con las expectativas altas. Salieron temprano hacia la Loma del Diablo, una caminata de hasta 1.750 metros y despegaron. “¡El tiempo era perfecto y mi Artik 5 estaba lista para ello!”, recuerda Manu. En el vuelo, cruzaron las zonas del 30 Aniversario, Eléctrico y Eléctrico Oeste. En ese momento, Manu y Lucas –a bordo de su Ikuma 2 P– giraron una gran térmica y planearon hasta el Lomo Blanco en dirección al Paso Marconi. Allí se encontraron con dos alpinistas en la cumbre y pegaron unos gritos de felicidad. A Manú le transmitió mucha paz y tranquilidad ver que habían llegado hasta allí caminando y les dijo “¡Saludos bolsoneros!” desde el cielo.  

Su idea era pasar directo a la Laguna Torre y seguir hacia el Cerro Solo, pero la situación era muy complicada, ya que no había techo para poder ver el paso. Fue entonces cuando ambos pilotos volvieron al pie de la Aguja Guillaumet y Manu cogió el camino por el paso del Hombre Sentado al pie del Fitz Roy solo por probar, pero finalmente se decidió a encarar y continuar. “Sentí una térmica justo en la supercaneleta, pero no la giré y decidí seguir sin titubear, ya que si la giraba y no funcionaba debía dar media vuelta. Seguí avanzando, sin tener clara la visión del final del planeo que estaba realizando y fue ahí cuando un cóndor se puso delante de mí y copié su relieve hasta que lo perdí en el horizonte”, cuenta Manu. 

“Una vez pasada la laguna, me relajé nuevamente, y vi a mis compañeros girando una enorme térmica frente la Loma de las Pizarras. La rodeé con ellos y conseguimos ascender para dirigirnos al Polo, que nos maltrató bastante porque es una zona de gran confluencia de vientos. Desde ahí, continué por el Cordón del Bosque, donde se hizo una calle de nubes justo encima de mí y subí, subí y subí. Una vez arriba, decidí volver a El Chaltén, ya que estaba solo y era el momento de relajarme completamente después de lo que acababa de vivir”, así es como relata Manu su vuelo histórico. “Empecé a sentir mucha felicidad de golpe, la piel se me puso de gallina y empecé a llorar de la emoción. Sentí también mucho respeto y admiración por todas estas hazañas y experiencias, que te despiertan aún más en la vida”.

Según explica Sebastián Quiroga, que voló con su Hook 5 P, “todos los pilotos despegamos juntos con el mismo plan de vuelo, pero Lucas y Manu se comprometieron mucho más al adentrarse en los glaciares por primera vez. Manu, que era el piloto con más experiencia, fue el único que se animó a sumarle la Vuelta al Fitz Roy por dentro de los glaciares, convirtiéndose en el primero y único en hacerlo y realizando el vuelo más largo y emblemático de todos”.

Agradecido

“¡Gracias Chaltén por dejarnos surcar estos cristales tan mágicos!”, exclamaba emocionado Manu Canale justo al aterrizar mientras se abrazaban todos los compañeros con afecto infinito. “Gracias a los escaladores que escribieron la historia, gracias por hacerme un hueco y dejarme pasar por estos lugares, mirando sus mil fisuras junto a sus mil leyendas, como por ejemplo el libro Montañas de una vida (2012) de Walter Bonatti”, decía. “Poder volar por ahí, viendo sus increíbles paredes de diamantes y poder sentir esa sensación de conexión y a la vez desconexión con el mundo, es absolutamente magnífico”. Y casi sin quererlo, Manu y su Artik 5 han hecho camino a todos los demás pilotos que seguirán sus pasos en un futuro.

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